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Autor: Paz M. (Chile)

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EL REGRESO

Después de cuatro años nuevamente haciendo el mismo recorrido, caminando por la ruta que lleva a mi antiguo barrio, son varias cuadras desde el centro de la cuidad hasta ahí, tome la avenida principal, era mi preferida ya que ahí estaba la librería en donde me detenía por lo menos un par de horas sin darme cuenta del tiempo, esta vez estaba ansiosa y no quise entrar allí, quería llegar pronto. A pesar de caminar hacia adelante, tengo la sensación de avanzar hacia atrás, de ir bajando al fondo de mis recuerdos, es una contradicción física que nada tiene que ver con lo que se siente... . Veo en la esquina donde estaba la farmacia, si se podía llamar farmacia, porque cada vez tenia menos remedios y más caramelos en sus vitrinas, ya no está, la han cambiado por un minimarket, así como mi vida de aquellos días, esa farmacia, debe haber acabado, sin dejar huellas de lo que fue, sin dejar rastro, seguramente un día cualquiera ya no abrió más, dejando un vacío en quienes la frecuentaban, un vacío que se desvanece a las pocas semanas, un vacío que es fácil de llenar con cualquier cosa, porque lo que había ya no servía de mucho...

Al cruzar los limites de la zona del centro, estoy otra vez en mi antiguo barrio, las calles siguen igual, aun esta el negocio de la esquina, donde la señora Luchita me vendía cigarrillos sueltos en aquella época de apreturas en que juntaba las monedas de los bolsillos para saciar aquel tonto vicio. Entro para ver si ella esta y saludarla, pero claro, no me extraña que detrás del mesón este su nieta que ya es una señorita, su vista no se detiene en mi, sus ojos se saltan los míos mientras atiende un cliente que estaba desde antes, seguramente no me recuerda, no me atreví a preguntar por la anciana, no quiero escuchar decir que esta muerta, odio esa palabra, pues le da a la gente la cualidad de no existir y para mi la existencia no acaba junto con el cuerpo, acaba cuando nadie nos recuerda, cuando nadie nos añora, cuando nadie nos llora... . Camino un par de cuadras, y reconozco cada detalle, cada casa, hasta los hoyos en el pavimento que jamás serán reparados, se asemejan a los hoyos que llevo en mi mente, esos hoyos de tiempo en que no recuerdo lo que hice en que se borraron los sonidos, los olores, las palabras y las imágenes.

Siento como si alguien detuvo las horas del reloj, los días del calendario, y todo ha permanecido intacto. Solo algunos vecinos han pintado sus fachadas con nuevos colores, pero eso no impide que salga a luz lo deterioradas y antiguas que son, las cornisas bien pintadas pero cayendo a pedazos, de la misma forma en que los recuerdos y las culpas caen a mí en este momento.

Siento temor de encontrar viejas heridas, cuando me fui no me despedí de nadie, no le dije adiós al señor del kiosco, que tan gentilmente me guardaba el diario los sábados hasta la una de la tarde, que era la hora en que acostumbraba a levantarme, tampoco fui por un adiós al viejo almacén donde cada atardecer pasaba a comprar un par de marraquetas, fui una ingrata, deje a muchas personas en el olvido, y seguramente me olvidaron a mi también, me da vergüenza encontrar a alguien, por que no tengo ninguna excusa para dar...

Por primera vez me atormenta pensar que tampoco le dije adiós, ni le di una explicación de mi partida a Juan, llevábamos cinco años compartiendo la misma habitación, y lo deje, me fui sin cerrar nuestro circulo de vida juntos, sin concretar nuestros planes, no alcanzamos a saber si nuestro amor se apagaría, porque así fue como todo quedó; Sin apagarse, sin extinguirse, quedo alborotando el aire con chispas de algo que apenas comienza a encender, como una fogata que nunca alcanzó a ser cenizas, como un fuego congelado, un fuego sin vida, pero al fin, fuego... .¿En qué estaba, que fui capaz de dejarlo?, Han pasado tantos años y solo hoy estando en este lugar me doy cuenta de lo que he hecho, quizás que cosas pasaron por su cabeza, conociéndolo se debe haber culpado por mi partida, seguramente entro en depresión, seguramente, y con lo enrollado que es, nunca más quiso rehacer su vida, estoy segura de ello, no lo imagino con otra mujer, no lo imagino feliz sin mi. Quizás es cierto que "nunca es tarde", y siendo así seria bueno ir a visitarlo, ir a poner un punto final, para que se quede tranquilo, pues sé que ya no necesito de él, pero quiero saber ¿Qué será lo que piensa?, Juan merece que yo le dé una explicación, y yo creo que merezco su perdón, después de todo le entregue mis mejores años y si me fui no fue porque falláramos, no fue porque lo decidiera, ni si quiera tuve la oportunidad de pensarlo, solo que llegó el momento de partir.

He decidido ir hasta allá, hablaré con él, tratare de que entienda que no deje de amarlo, creo que no lo va a entender, pero debo intentarlo, sino ¿Para qué estoy aquí?.

Tome la calle siguiente, doble a la derecha, camine dos cuadras, cruce la avenida y llegue hasta mi casa, mi vieja casa, estaba igual, el árbol de afuera un poco mal podado pero aun conserva nuestras iniciales talladas en formas cuadradas y rodeadas por un par de líneas que intentan dibujar un corazón. No se como abordarlo, sé que a esta hora debe estar en casa, trabajando en alguna nueva pintura, tengo miedo de interrumpirlo, no sé si abrazarlo, si besarlo, no sé que decir primero...

No pienso más y entro, subo la escalera hasta su taller, en el camino me encuentro con al menos una decena de pinturas en donde me reconozco. No me he equivocado, Juan no ha superado aun nuestra separación, en sus pinturas me rodea un alo de nostalgia, conozco su estilo, la pena se le asoma en los colores, las pinceladas son apasionadas y desganadas a la vez, hay rabia en ellas, seguramente no me ha perdonado, se que está enojado, o quizás lo estuvo. También hay una foto, la ha mandado a ampliar, es una que me tomo el día que decidimos cambiar mi ropa a su taller, desde el brillo de mis ojos desborda la felicidad de aquel momento mezclada con el miedo e inocencia, no fue una decisión fácil de tomar tenía solo veinte años, después de todo mi familia nunca lo entendió, no me hablaron en años, y por años él fue mi única familia. Esa foto siempre le gusto, llevaba el original en su bitácora, y orgulloso la mostraba cuando veía a algún viejo amigo. Esa foto representa mucho para mí, es mi pasaporte a lo que mi vida finalmente fue... No entiendo como he podido hacerle tanto daño, si yo jamás he dejado de amarlo...

Me cuesta mucho terminar de subir, porque a medida que avanzo escucho la vieja radio, ha puesto un cassette de esos años, es la música que a mí me gustaba y que él odiaba, siempre me lo cambiaba, sin embargo ahora es su música, siento como se mueve, debe estar pintando. Me tiemblan las piernas, cada peldaño que subo me hace sentir más culpable, cada uno de los peldaños me hiere profundamente, quiero verlo y abrazarlo, quiero que me perdone, quiero estar con el nuevamente, quiero retomar mi vida desde donde quedo...

Terminando la escalera se asoma el closet, como de costumbre la puerta abierta, mi ropa aun esta ahí, no ha botado nada, están mis perfumes y mis zapatos. Doy la vuelta para enfrentarlo y verlo a los ojos, a estas alturas ya me debe haber sentido. Esta con el pelo mas largo, se lo ha tomado con una amarra de las que yo usaba, lo noto ligeramente más delgado. De pronto y a un tiempo se voltea y yo caigo a sus pies hecha un solo llanto, el no me habla, no dice nada, seguramente tardara en perdonarme. Me pongo de pie y comienzo a explicarle, pero no quiere oírme, me ignora por completo, siento que es el peor castigo que puedo tener, su indiferencia, un sentimiento que jamás existió entre nosotros.

Han pasado unas horas, y no he conseguido aún que me escuche, no me habla, no me ve, él hace de cuentas que yo no existo, solo tiene ojos para su pintura, tengo mucha pena porque al menos esperaba un reproche, un grito, una discusión, en fin, cualquier reacción...

Ya es de noche, se prepara para salir a caminar, no me invita pero yo lo sigo, caminamos unas cuadras en dirección al parque, en todo el camino no voltea a ver si voy tras el, debe estar seguro de eso... camina a pasos ligeros y a momentos pienso que intenta perderse de mi, se detiene en la laguna del centro se agacha a recoger un puñado de piedrecillas que lanza una a una consiguiendo más de un rebote en la superficie del agua, le gusta hacer eso, yo nunca pude.... He sido paciente, creo que pertinente, pero ya me agoto de esperar, me agoto de ser nada ni nadie, y me agoto de serlo porque el me hace serlo, nada importa solo quiero que me vea a los ojos, no pretendo su perdón, sólo sus ojos frente a los míos, sé que sus ojos son la entrada en su cuerpo y en su alma...

Me he dormido a su lado, mejor dicho a sus espaldas, no ha volteado ninguna vez, le he tocado toda la noche, pero ni dormido ha vencido su orgullo, creo que será más difícil de lo que pensé, he decidido quedarme unos días, hasta que él me hable y me escuche, aunque sea por cansancio...

Es temprano en la mañana, y se apronta a salir, me apresuro para ir tras él. Camina por la avenida, va en dirección al mercado, una nostalgia le inunda el rostro, y su soledad se acentúa, ¿Dónde ira?, se ha detenido en el puesto de flores y ha comprado un ramo de rosas rojas, de esas ecuatorianas que a mí siempre me gustaron y que nunca tuvimos dinero para comprar... sigue su camino y no es de regreso, va a otro sitio, entonces tiene ya un reemplazo de mí en su vida, o lo hace para que yo deje de seguirlo, no lo haré lo seguiré hasta el final, quiero saber lo que pasa, y si esta es su forma de hablarme, por muy duro que sea debo escucharlo...

Ha entrado en el cementerio, supongo va a ver a su abuela, ó ¿Habrá quedado con alguien en este lugar?. No es un buen sitio para una cita romántica, entonces no debo estar celosa. Se ha detenido frente a una tumba cualquiera, sin voltear comienza a hablarme; "Carolina, te he sentido en estos días tan cerca, que eso me recuerda tu ausencia, eso abre mis heridas, ¿Cómo quieres que te olvide, si tu no te marchas?, Necesito que no me hagas más pregunta porque no sé cómo responderlas, yo creo que te he dejado en paz, y necesito que tu también lo hagas. Carolina no quiero olvidarte, solo quiero superarte, quiero poder nombrarte sin llorar, quiero poder verte en otra mujer, quiero vivir...", no me da tiempo de hablar, ha roto en llantos y se deja caer de rodillas dejando las flores sobre el mausoleo, con sus manos despeja el mármol en donde está gravado el nombre como si se tratase de alguien que el conoce... me acerco por detrás para abrazarlo... entre sus manos leo la inscripción, y rompo en llantos al leer: "A la memoria de nuestra hija, hermana, amiga y mujer, Carolina Andrea García San Martín, 3 de Agosto 1969 - 20 octubre de 1994"


Paz M.

Ó  La Paloma de la Red 2007






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