Hace semanas que no he podido escribir una hoja sin Beatriz, aparece tras cada idea que intento desarrollar, y es que no comprende que quiero olvidarla, no quiere abandonarme, se disfraza, se oculta en el párrafo siguiente y cuando intento voltear, ella está del otro lado esperándome, viéndome, desde el mundo que le he dado, poniendo palabras que me perturban. Se ha convertido en mi sombra y como tal no puedo quitármela de encima.
Vino sola, y me ha engañado haciéndome creer que le he dado la forma, que le he puesto las palabras en su boca y los sentimientos en su alma. No ha sido como lo pensaba, no vi su vestido de novia, no vi la ceremonia que preparaba y he dicho "si, hasta que la muerte nos separe", con los ojos vendados y los oídos tapados, sin saber que firmaba esta condena...
Esta tarde he decidido matarla, borrarla de mis pensamientos y ya he planeado algunas formas. Primero pensé en quemar sus hojas, en una historia tentadora, le daría el protagonismo que ella tanto anhela, y la envolvería con palabras que desea, la llevaría a la cumbre de sus sueños y estando dormida en los brazos de su amado cerraría el capítulo abruptamente y luego lo tiraría en la hoguera, preparada con excusas románticas, y el fuego no tardaría en consumir su nombre, su cuerpo y sus sensaciones. Pero creo que resistirá a las llamas y saldría de ellas airosa, convertida en una heroína, y su nombre sería una leyenda mortificante...
La segunda idea fue una novela negra, me imagine un asesinato, haciendo desaparecer su cuerpo sin dejar rastros, triturando cada uno de sus huesos y esparcirlos en diferentes bolsas de basura, y poco a poco borrar las palabras agonizantes, que de seguro susurrarían desde cada trozo, insistiendo en mis pensamientos. Entonces escribiría diferentes historias en donde cada frase de su boca se esfumara lentamente y junto con la última de ellas lograr cerrar definitivamente sus convicciones, nadie lo notaría porque su desaparición sería gradual, seria por partes y sus palabras como un eco se apagarían para dar lugar a nuevas sinfonías. Pero sería un proceso largo, tardaría meses en lograr la extinción completa, y tendría que convivir con sus fragmentos...
Creo entonces que mejor sería, desnudarla y luego desmenuzarla, quitarle la fuerza por capas y dejar su alma sin envoltorio, buscar el ritual para exorcizar su esencia, y convertirla entonces en una buena compañera, una compañera sumisa, moldeable y silenciosa. Sería necesario seducirla, y lentamente quitarle la ropa, estando ya en el delirio de la pasión, descuerarla con mis manos, sacarle gemidos sensuales, y luego me pediría extasiada que arranque sus huesos y músculos hasta saciarla, y en mis manos estaría su alma, orgasmizada, pidiendo nuevas formas...
Esta noche la he convocado, para llevar a cabo mi plan, ella ha aceptado deseosa. La escena escogida, ha sido el dormitorio, con velas en rededor, he puesto pétalos de rosas sobre las sabanas, un vino rojo abierto y dos copas celosas de no poder tocar. Ella llega vestida de gasas con el viento jugando entre sus piernas, sus cabellos cuelgan nerviosos cubriendo las parte que las ropas muestran generosas, sus labios transparentes dejan ver la carne jugosa que se abulta en su boca, y sus ojos penetrantes que parpadean pausadamente, insinuantes me entregan una promesa fogosa. Llevo mis labios hasta su hombro, y recorro por el cuello hasta alcanzar la humedad de los suyos, su lengua me detiene con la tentación juguetona de quedarme sumergido en su aliento, cierro mis ojos y siento su fuego, sus dedos me recorren la espalda por completo, y me veo perdido en la suavidad de sus brazos. Mis manos en su cintura parecen juntarse, los ligeros paños que la cubren sin ganas, la abandonan, y me la entregan desnuda, mientras sus uñas arañan mi carne y unas gotas de sangre se deslizan sobre mi piel, dejando una huella de aquella mujer. Mi plan se da vueltas, y es ella quien arranca mi cuero y me hace gemir, pido a gritos me destroce, y como una fiera hambrienta lame mi sangre, luego pone sus manos sobre su pecho y desgarra la piel, el cuarto se vuelve rojo, y la humedad en los cuerpos se hace perenne. Me muestra sus músculos abiertos, leyendo mis pensamientos, y veo que no esta dentro su esencia, y ella arranca un trozo de la mía y la pone en su pecho. Nos amamos durante horas eternas, y despertamos antes que el sol, para amarnos otra ves, y las velas cómplices se consumen, el vino se agota y las copas se quiebran...
Me ha despertado el sonido de las teclas, no hay nadie en la casa y me asomo a verlas, en la pantalla un par de letras que conjugan él titulo de mi ultima novela, Beatriz.
Paz M.
Ó La Paloma de la Red 2007